domingo, 21 de diciembre de 2014

UCAM FALCÓ MARATÓN TRAIL...¿LA SEGUNDA MARATÓN MAS DURA DE ESPAÑA?



Con esto de las redes sociales tengo abandonado el blog, aunque realmente, tampoco estoy haciendo tantas pruebas.
El pasado día 7 de diciembre tocaba una de las grandes en todos los sentidos y por suerte, cerca de casa. Como ya he adelantado mucho por facebook, voy a contar lo que he vivido en esta carrera, intentando poner partes más técnicas por si alguien quiere hacerla, sepa a lo que se expone.
Ucam FalcoTrail Sky Marathon Tnf

Hace frio y como  no tengo ropa adecuada para él, me tengo que poner capas como una cebolla, es mi sino, no me puedo gastar tanto dinero en cortavientos con capucha que aguanten nosecuantos kilos de agua y etcétera etcétera. Camiseta térmica, no ceñida, camiseta manga corta encima y un chubasquero, mas los guantes y una braga, no se la marca, por eso no digo buff.
La salida es rápida, vamos, lo peor que puede haber, se suda pronto y luego en la subida hace frio. Voy a buen ritmo en la subida a Peña Rubia, pasamos de 500 a 810 metros y el tapón de inicio pronto deja sitio a los que vamos deprisa en este tramo, tanto que hago corte y detrás no viene nadie cerca por lo que puedo apretarme las zapatillas sin que me pasen. Acelero y troto donde puedo, poco, hay que reservar desde el principio y jugar con el tiempo, hay cuatro horas hasta el primer corte.
Cuando termina la subida viene una zona bastante corrible, con alguna pequeña subida, pero volvemos otra vez a los poco mas de quinientos metros de altura. La bajada es buena, tanto que me adelanta un grupo de corredores, yo aprovecho para beber y coger la visera, el sol no calienta, pero da de frente y molesta.
Pronto se inicia una subida algo mas dura, la del As de Copas, en esta ocasión me acuerdo de mis palos que había dejado en Murcia en el coche, la caraja de las últimas carreras empieza a ser procupante. La subida es larga, no demasiado empinada, pero cómoda para subir, eso, o que todavía voy entero. Cuando estoy terminando la subida aprovecho para respirar y me doy cuenta que voy a sufrir, me falta el aire, lo achaco a la altura, cada vez lo llevo peor. La bajada es por un camino lleno de piedras, pero me defiendo, bajando al ir entero, voy bastante bien y no tengo ningún susto. Nueva subida hasta la morra de los poyos y al hacer cima se escucha ruido, señal de que el avituallamiento está cerca. Bajada y buena mesa de comida, con un gran ambiente y muchos corredores, yo me limito a coger un trozo de barrita, medio plátano y llenar la botella, no hace mucho calor y quiero llegar al corte, esa es la obsesión, el corte.
La subida corta al Collado de las fuentes, pero dura y empinada, buf, creo que empiezo a notar que no es mi día y estamos en el km 11, 5. Pero ahora toca bajar y de momento eso puedo hacerlo bien, sin  alardes. Después de bajar por una senda, cruzamos la carretera y llegamos a un camino ancho de tierra, me extraña ver gente andando enseguida, yo continuo corriendo sin darme cuenta que estamos iniciando la ascensión fuerte del día, la ascensión al Pico del Águila, casi seiscientos de desnivel, pero al ser camino no parecía tanto; cojo un palo y me apoyo en él, dejo de correr, aunque tomo nota para una futura entrega, esto se puede correr y mucho, otra cosa son las consecuencias posteriores.
Tras terminar el camino, giro a la derecha y llegamos al famoso avituallamiento de las migas, tres horas y cuarto me costó llegar, cuatro pedía la organización, la cosa va bien. Cojo una cucharada, me hago un montón de fotos , bebo, como y sigo camino. Complicada bajada por la humedad y por qué no decirlo, por los compañeros que coinciden en ese tramo, seguro que influyó en mi resultado final, aunque nunca lo sabré. Si hubiese ido solo habrá corrido, pero en esos momentos hice grupo y me costaba adelantarlos, al final lo hice y la musculatura se relajó, estaba forzando mucho los cuádriceps (excusa número 7656). No es lo mismo bajar a tu ritmo, aunque peligre tu integridad, que ir frenando por los de delante, pero si no me dan paso, me cuesta mucho pedirlo.
Cuando se acaba la bajada, nueva pista y enseguida vamos hacia El Alto del Campanario, quizá la subida mas corta hasta el momento y que incluso creo se puede correr en bastantes tramos, pero mi cuerpo dice basta, me pegan varios trallazos en gemelos y tibial, me cuesta hasta estirarlos, pero poco a poco se relajan y sigo hacia adelante, pero varios cambios de terreno me hacen sufrir lo indecible, no lo entiendo, solo llevamos veintidós kms y estoy hasta arriba de rampas. Los abductores me comentan que quieren cariño y yo les digo que en tres horas se lo daré, pero que me den tres horas más.
Llega una bajada muy larga, con un primer tramo algo técnico en el que vuelvo a sufrir el mismo problema que en el pico del Águila, agravado con los primeros senderistas que me cruzo, no molestan, pero tampoco quiero presionarles. Cuando se termina la peligrosa bajada, llegamos a un camino de los de correr, en medio de este, la alfombrilla y un km marcado, el 29, pero para llegar a él, tengo que hacer cinco mas y no es un subidón lo que me da en ese momento. Llego a andar en la bajada, pero me doy moral y aprieto los dientes para llegar al siguiente punto de control, el grupo con el coincidí, se fue para adelante, de nada me sirvió esperar, van mas fuertes que yo, todo el mundo va mas fuerte que yo, que le vamos a hacer.
En el nuevo avituallamiento veo botes de cerveza, pero para mi no hay, se han acabado, eso me pasa por lento, la siguiente correré más, no me merezco el bote que si se merecieron otros.
Y si no me he muerto todavía, creo que ha llegado el momento de hacerlo, la subida al Collado Alto; subo diez metros, paro, estiro; subo quince metros, chillo, lloro, estiro, y así el par de kilómetros de subida, me animan, me esperan, sufro, subo, miro para abajo y veo que he avanzado bastante, miro el reloj y creo que llego justo al punto de control. Por fin arriba, hay gente sentada en el suelo, yo no sería capaz, me lanzo a la bajada mirando el reloj, voy justo para las seis horas y esa alfombrilla que ya vi antes, la musculatura se relaja de nuevo, me doy cuenta que la rodilla la llevo llena de sangre, ya ni me acordaba  y le da un aspecto, bueno, poner el adjetivo que queráis. Paso la alfombrilla a menos cinco, por los pelos, ahora viendo las normas leo que eran siete horas en el km 31. Miro hacia arriba, apenas unos cientos de metros, pero se me hace eterno, cuando no me dan las rampas, subo bien, despacio, pero seguro, aunque me parece que voy peor de lo que realmente voy, he tardado quince minutos en subir la Morra cenón y su bajada me lleva hacia el avituallamiento del 32/31, llego en seis horas y media aproximadamente, he tardado tres horas en trece kilómetros, con muchos de bajada, menos mal del márgen que cogí al principio.
Mientras hablo con un amigo, tengo claro el objetivo, acabar si puedo, si no lo consigo, que no sea por no darlo todo, aunque es difícil. Me quito el chubasquero por fin y lo meto en la mochila, me dispongo a sufrir como nunca hasta ahora lo había hecho, como aquel primer botamarges del 2010, pienso en lo que me ha costado esta carrera, la cantidad de problemas que he tenido este año y no me merezco terminar con un abandono, si no acabo, que sea por fuera de control o porque mis músculos revienten, están a punto, pero les pido un último esfuerzo.
Por suerte y a pesar de las dificultades, la subida al depósito del As de Copas no es tan terrible, a pesar de lo mal que voy, estoy subiendo, parando, dejando pasar, pero con el tiempo controlado y los músculos marcando el territorio, veo algunos que no sabía que tenía, hay quien dice que es la fascia lata, no lo se, solo se que duele.
Llego arriba por fin, la última subida de la carrera, creo que si me ofrecen bajar en coche, lo pensaría. Ahora vienen cuatro o cinco de bajada, pero por suerte bajo bien, no estoy cansado, es una sensación extraña, puedo correr bien, pero sufro latigazos de vez en cuando, aunque bajando puedo mantener un ritmo decente. Adelanto al grupo con los que coincidí en el Collado, no se si todos llegaron en tiempo, yo tiro y me pongo el primero, espero el avituallamiento que nunca llega y me pega un bajón, no por la comida, sino por el km en el que está, el 37. Cruzamos un arroyo y meto un pie hasta dentro, ya lo que faltaba, pero el agua fria me relaja,empiezo a correr bastante rápido, tanto, que hace que me pase las marcas y siga recto, menos mal que me avisan, solo faltaba eso para acabar, unos cuatrocientos metros mas, para matarme. Subimos un poco y me cuesta de nuevo, peor por fin oigo ruido, un cencerro o algo parecido, señal de que estamos llegando. Cuando lo hago me dicen que faltan siete kms, no me lo creo, todavía? llevo siete horas cincuenta, el corte está en ocho horas, aunque lo llevaba controlado y quedan entre cinco y siete kms. Por muy mal que vaya, tengo una hora, ya se que llego y salgo para el pueblo por la carretera y nada mas empezar, me emociono y aprieto, y claro, leñazo de los gordos, es la primera vez que me da en llano, señal de que voy mas justo de lo que creía, aunque no me da sensación de cansancio, las piernas cuando no me dan las rampas, van bien, con muchos kms, pero bien. Y el pestoso recorrido del final hace que te den ganas de mandarlo todo a la mierda, de dejar estas carreras, de no entender como nos puede gustar tanto el sufrimiento, de, en fin, ya sabéis a lo que me refiero.
Y llego al asfalto, al pueblo, a Cehegín, casi nueve horas después de haber salido, ya no pienso en los abductores, gemelos, tibiales, cuádriceps y fascias varias, ya no pienso en el dolor, el sufrimiento y las subidas, ya no pienso en las horas dedicadas a preparar esta carrera, solo pienso en una cosa, en otro caso y otra carrera, la habría dejado, pero esta no, esta la tenía que acabar.
Y llego a la meta y hay un pequeño caos, antes que yo ha llegado el rey y aunque intento pasar, no puedo, me ponen mi medalla, me dan mi chaleco de finisher y una cerveza, y no espero ni la paella, cogemos el coche y para Murcia primero y Elche después.
He tardado mucho en escribir la crónica, de hecho lo dudaba, pero la carrera se lo merece, ha sido mi segundo maratón de montaña en un mes y de nuevo he conseguido acabar, quizá debo empezar a quererme y ser consciente de lo que he hecho.
Y en enero el GR10 Extrem, 93 de montaña, pero eso, será en enero.

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5 comentarios:

ALBERTO dijo...

Enhorabiena Fausto, mucho sufrimiento, pero con final feliz.
Un saludo y felices FIESTAS CON Kms INCLUIDOS.

paco dijo...

Leyendo esos sufrimientos pienso, ¿y de verdad merecen la pena? No me hagas mucho caso yo si que soy un flojeras. Un saludico.

Halfon Hernandez dijo...

Sufrida carrera, creo que las carreras con fueras de control nos producen un estrés suplementario.

Lo que mata es cuando tienes al final unos kilómetros pestosos que te hacen plantearte que tanto sufrimiento para qué?, pero menos mal que la respuesta la tenemos en nuestro interior.

Felices fiestas.

ramonet dijo...

Ya era hora de que actualizaras el blog, estas son de las que curten para futuros objetivos
P.D: Menos mal que te dejabas la montaña, sino te veo apuntado al UTMB

Solopisadas Ferreiro dijo...

Me alegra mucho ver que vuelves a publicar.
Te haces la pregunta de siempre ¿Para que tantos sufrimientos? Y al dia siguiente ya olvidamos todo y pensando en la siguiente. Creo que somos un poco masoquistas.